miércoles, 2 de noviembre de 2011

Narración de un hecho histórico (María Bernal Rojas 1º D)

Don Herminio Díez Pereira nació en Málaga en Diciembre del año 1932. Sus años de estudio de primaria transcurrieron entre Ceuta y Melilla. Cuando iba a empezar bachillerato a los siete años (que comenzaba justamente al acabar primaria) decidió dejar los estudios y ayudar a su padre en el trabajo en  Bezul (un pueblo que se encuentra en la frontera con Marruecos) ya que se consideraba “vaguillo” para estudiar. Sin embargo cuatro años después se arrepintió y volvió a España para empezar bachiller. En aquel entonces bachillerato duraba siete años y no se podía repetir el curso.

 Durante todo su proceso de formación estuvo en colegios públicos ya que según me admite, no había mucho dinero en esos tiempos para permitirse un colegio privado. Herminio me cuenta que en las clases había diferencias entre las edades de unos niños y otros pero que las clases no eran mixtas y que era algo que ni se pensaba en esos momentos.  Todos los días se levantaba aproximadamente sobre las ocho y media, se lavaba la cara, se vestía, comía algo y se iba para la escuela que estaba cerca de su casa para entrar a las nueve.  Las clases eran de nueve a doce de la mañana y después de tres  a cinco de la tarde. Me comenta, sorprendido, que antes no había tantas “modernuras” como las que hay ahora cuando los niños empezaban el colegio (seis-siete años); que en las clases se utilizaba una cartilla o un cuaderno de dos rayas y que según el nivel de los niños/as el maestro mandaba unos ejercicios para leer o escribir diferentes, lo que le parecía mucho más útil que lo que tienen hoy día los pequeños (y que ha sido el método que él utilizó como docente). También me explica que no se hacían actividades fuera de clase ni salidas a excursiones, que como mucho iban al campo que había cerca del colegio y pasaban  la tarde allí jugando.
Durante la media hora de recreo que tenían diaria salían a un cerro que había detrás del colegio y allí jugaban un rato antes de volver de nuevo a clase. “¡Las asignaturas eran las básicas y todas eran impartidas por el mismo maestro/a, no como ahora!” “¡Teníamos Geografía, Historia, Gimnasia (que se hacía en la calle), Matemáticas, Ciencias, Lengua y por supuesto Religión!” . En aquel entonces la religión estaba muy presente en las escuelas, tanto que había que rezar antes y después de entrar a clase (cosa que me confiesa que no le desagradaba ya que de pequeño fue monaguillo y la religión era algo que le gustaba y que le gusta) y que incluso tenían que izar la bandera. Cuando le pregunto sobre la relación alumno-profesor me dice que ha cambiado mucho y que el respeto que antes había se ha perdido completamente. “ ¡Antes a los maestros se les llamaba de Don o Doña y la disciplina que había en la clase ayudaba a mantener un ambiente serio y respetuoso en el aula!”. Me relata que él nunca ha sido un niño problemático aunque algún día cuando se le olvidaba hacer la tarea lo castigaban de rodillas contra la pared, como a cualquier niño que no obedeciera.  Opina que los castigos no eran tan duros como se pintan ahora sino que si alguien se merecía un pequeño golpe con la regla o estar de rodillas durante un buen rato contra la pared era algo necesario para mantener la figura de autoridad que en esos momentos tenía el maestro en clase. Su maestro se llamaba Don Francisco Ortega, tenía buena relación con él porque, además de considerarse buen alumno, su padre lo conocía y según me confiesa, debía portarse bien ya que sino al llegar a casa “se le podía caer el pelo”.
Los días eran muy ordinarios, es decir, todos los días se levantaba e iba al colegio, cuando salía iba a casa o ayudaba a su padre, a las tres volvía a clase y cuando terminaba o volvía de nuevo a casa o estaba un rato en la plaza del pueblo jugando con los amigos o viendo la única televisión que había en aquel entonces en blanco y negro. “Para jugar no había como ahora tantas maquinitas y juegos electrónicos ¡Nada de eso! Los niños pasaban bastante tiempo en la calle jugando con sus compañeros a la pelota, a la rayuela, a la comba... Los muñecos eran de trapo o madera; se jugaba con cuerdas, chapas… ¡Con lo que se pillara!.”

Lo que a Herminio le gustó más durante su etapa escolar fueron las competiciones que había entre los alumnos. Riéndose me dice “¡No éramos muchos en clase, sobre doce o catorce alumnos y entre los cuales uno estaba cojo, otro era gordo, otro era lento…  por lo que no me costaba mucho ganarles! Eso sí, había mucha unión entre  los compañeros y todos nos llevábamos muy bien.” También me confiesa que está muy contento con los maestros/as  que le dieron clase y que en parte, gracias a ellos, ha llegado donde ha llegado; a ser Maestro.
Herminio me comenta que cuando se terminaban los cuatro años de carrera se tenía que hacer una “Reválida” (que se asemeja a lo que hoy día llamamos Selectividad) y que suspendió tanto en las pruebas de Junio como en las de Septiembre y que fue en Enero cuando finalmente las aprobó. Tras aprobar decidió irse solo a Marruecos como maestro de español  durante cuatro años. Allí vivía con dos maestros marroquíes; uno  que se llamaba “Mudarrit” que era el que se dedicaba sólo a la enseñanza de la religión, y otro  que se llamaba “Mudarris” que impartía las demás asignaturas, si no recuerda mal. En el cuarto año, en concreto en 1956, Marruecos logró su independencia política de Francia y de España y  Ceuta y Melilla quedaron como territorio de éste último. Ante esta situación de cambio y al verse solo en Marruecos, decidió volver a España y pasar otros cuatro años junto a su hermano en Jerez; “No era una persona tan valiente como mis compañeros, por eso decidí irme y no volver”. En el año 1960 tuvo que volver a Melilla donde hizo las oposiciones y trabajó durante un año. Finalmente en 1961 empezó a ejercer en Monda, un pueblo de la provincia de Málaga. En  principio las clases se impartían en casas particulares que disponían de salones o espacios suficientes para ubicar a los alumnos. Tras la muerte de Franco en 1975 fue cuando se construyó un colegio público denominado “La Villeta” donde  siguió ejerciendo hasta 1997, año en el que se jubiló.

Durante toda su experiencia como maestro destaca la buena relación que ha tenido con sus alumnos/as, según me cuenta, gracias a la disciplina y autoridad que siempre ha mantenido en clase. “Hoy día alumnos que tuve en su momento me ven y me saludan” aunque confiesa que ya ni se acuerda de muchos de sus nombres después de tanto tiempo (es más, puedo decir como anécdota que el día que fui a entrevistarle mi padre me acompañó a su casa y no recordó que le estuvo dando clase durante dos años.)
Me cuenta que tampoco ha tenido problemas con los padres de sus alumnos, sólo recuerda una vez que una madre fue a quejarse de que se estaban metiendo con su hijo y él le contestó que dentro de la escuela sí podía regañar a los demás niños pero que lo que sucediera  fuera del centro no era responsabilidad suya. La madre, tras hablar con él, empezó a regañar a los niños que supuestamente molestaban a su hijo por lo que Herminio tuvo que “invitarla” a que saliera de la clase para mantener el orden. Finalmente todo quedó en una pequeña discusión.

Con respecto a la educación actual, me demuestra su desacuerdo ante la entrada al colegio de los niños a una edad tan temprana. No le parece bien que los niños con dos o tres años vayan a la guardería o a la escuela porque piensa que “a esa edad lo que los pequeños necesitan es el calor de su madre”.  Entiende que por necesidades tengan que trabajar los dos cónyuges por ello opina que el gobierno debería de dar más ayudas a las familias con hijos pequeños para que las madres no se vean obligadas a tener que trabajar y dejar a sus hijos en estos centros.
Finalmente cuando le pregunto si se arrepiente de haber estudiado o si cree que toda su formación le ha servido para algo me contesta orgulloso que se alegra y no se arrepiente de nada de lo que ha hecho y que es muy feliz por haber ejercido como maestro.


Según me comenta mi padre durante el tiempo que Herminio le dio clase se mostraba como un profesor serio, autoritario y tajante y que, al igual que habían hecho con él, utilizaba las mismas prácticas para mantener la disciplina en las clases (cartillas, cuadernillos, algún que otro reglazo cuando se merecía…). Mi padre (que me confiesa que siempre ha sido un poco travieso) me cuenta que una vez, estando en clase, intentó gastarle una broma a su compañero. Ésta consistía en echar un poco de tinta en la silla donde su amigo se iba a sentar para así, cuando se levantara tuviese el culo todo manchado. Sin embargo quien salió perjudicado fue mi padre porque Herminio, siempre muy atento, se dio cuenta de la trastada que tenía planeada hacer y obligó a  que él mismo se sentara en la silla. Cuando mi padre llegó a casa de mi abuela, por lo que me comenta, también recibió lo suyo; así que “el intento de  broma” le costó bastante cara.

He intentado conseguir algún cuadernillo/cartilla de ejercicios como modelo para poder mostrarlo pero no he podido encontrar ninguno. Sin embargo, le adjunto una fotografía donde aparece mi padre (el tercero por la izquierda) en el lugar donde solían estar durante la media hora de recreo.



Me ha parecido una entrevista muy interesante ya que he podido conocer métodos y  costumbres  sobre la educación que antes primaba en las escuelas y he tenido la suerte de conocer a Herminio que durante toda la entrevista se ha mostrado como una persona amable y gentil conmigo.

2 comentarios:

  1. Soy Leonardo Cervera, autor de "la primera en el peligro de la libertad" y "la guerra de mi abuelo", ambas novelas ambientadas en Málaga en los duros años de la guerra civil española.

    Este comentario va dirigido a todos las personas que han contribuido a este blog y no sólo al autor de este post en particular.

    He disfrutado mucho leyendo las memorias y las vivencias recogidas en este rincón del ciberespacio y felicito a todas las personas que han dedicado algo de su tiempo para hablar con sus mayores y dejar plasmados aquí recuerdos sobre la educación en la España de nuestros mayores.

    Felicitaciones en particular a Pablo Sánchez por fomentar esta iniciativa.

    No tendría nada de extrañar que alguna de las anécdotas e historias que aparecen en este blog aparezca años más tarde en alguno de mis libros de ficción. En realidad, la realidad casi siempre supera a la ficción.

    Enhorabuena a todos y recibid un fuerte abrazo desde Bruselas

    Leonardo Cervera
    http://leonardocervera.eu
    http://laprimeraenelpeligrodelalibertad.com

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